Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 22 de abril de 2012

Medicina en manecillas


Muchas veces nos olvidamos del paso del tiempo, dejamos de comprobar el estado de algunas heridas del pasado y nos dedicamos a ser felices. Seguimos llevando una vida normal esperando que poco a poco el dolor vaya cesando, entonces llega un momento en el que no nos volvemos a fijar en las secuelas del pasado. La cura encerrada en el reloj funciona bien, aunque quien sabe si realmente es así.
El pensamiento tan buscado anteriormente llega de sorpresa y te encuentra desprevenido. Puedes estar pensando en cualquier cosa, aunque por muy remota que sea, ese pensamiento inimaginable te apresará.
Cuesta pensar que ha sucedido realmente, el aturdimiento es mucho mayor cuando compruebas la certeza de aquello que acabas de pensar. Te acabas de dar cuenta de algo inesperado. Por un breve segundo dejas de respirar, temes admitir que aquello te fue soñado. Pero no, la sensación de alivio persiste.

Sientes como el dolor desapareció, los recuerdos han perdido su intensidad y algunos retumbos ya no hacen daño. Algo cambió, llegó eso que tanto tiempo esperabas, por fin, pasó.
Los corazones se curan cuando dejamos de comprobar el estado de la herida, cuando dejamos de recordar para volver a crear nuevos recuerdos, cuando te ilusionas de nuevo, cuando sabes que el pasado ya nunca más volverá a hacerte daño, cuando te diriges con paso firme hacia el futuro sin pararte a pensar en lo que dejas atrás.
La cura llega en el momento menos esperado,  y entonces te das cuenta de que el pasado ya no te hace daño, admites que tu única preocupación es la de conservar esa felicidad tan anhelada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario