Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 29 de abril de 2012

Grabados de una gota de lluvia


Recuerdo cuando estaba a punto de rendirme, aún me asusta pensar en lo que podría haber pasado si no llego cambiar de decisión. Pasó mucho tiempo desde entonces, pero un pensamiento se quedó grabado en mi mente. Me imaginé que todo el dolor me serviría para mi futuro, para hacerme más fuerte y para que pudiera seguir luchando. Agradecí no haberme rendido en ese instante en que el ya no me quedaba esperanza. Dicen que la esperanza era lo último que se perdía y tienen razón. Renunciamos a seguir creyendo cuando nuestro corazón deja de latir. Lo que la gente no dice nunca es que la esperanza, siendo la última al marcharse, también es la primera al volver. Es ella la que nos infunde vida de nuevo…

Comprendí que habían cosas que era mejor no aprender y, de alguna forma, me hice un juramento, quise alejar el dolor de las vidas de la gente. Ahora siento el peso de la promesa, cuando noto que me fallan las piernas de tanto caminar, cuando me quedo desmotivada aun sabiendo que debería seguir.
No, no quiero rendirme porque anhelo hacer un cambio, da igual lo insignificante que sea, es solo que deseo romper las reglas de la injusticia para que la gente pueda creer en que las cosas no van tan mal cómo les parece. No, esto no es una declaración de intenciones, ni una busca de mérito por mi objetivo… es solo que me falta fuerza para avanzar y el mejor modo de motivarme es recordar por todo lo que pase, pasar la mano por todas las cicatrices que me hice al decidir seguir este camino y pensar en toda esa gente a la quiero ayudar, porque de un modo u otro, conseguiré salir adelante, porque puede que lo que me de esperanza en su mayor grado sea saber que no lo hago solo por mí, sino que lo hago por los ellos.

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