Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 9 de abril de 2012

Cuenta atrás

Coger aire y soltarlo de forma repentina esperando que sirva de alivio, aunque parece que no funciona. El corazón sigue hablando de él. Cuentas las horas que quedan para verle y, por primera vez, esperas que el tiempo pase más rápido de lo normal; para poder acunarte en sus abrazos, para volver a sentirte segura, para sonreír de verdad. Quieres recuperar esa parte de ti que se fue con él cuando os dijisteis “adiós”, tan solo anhelas esa sensación, la de sentirte completa, cuando ya no importa lo que pase alrededor porque estás con él, porque con solo mirarle a los ojos el mundo exterior desaparece, mientras creáis otro, uno donde el ritmo de las cosas lo marca la unión de vuestros corazones que laten al unísono.  

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