Estar pensando en tus cosas, ajena a la realidad y, de repente, esbozar una sonrisa de manera inesperada, sin motivo alguno…ver como el miedo desaparece y una sensación de alivio recorre tu cuerpo, tus ojos comienzan a brillar, llenándose de lágrimas, cuando te das cuenta de lo que pasa, simplemente, acabas de comprender que las cosas no están tan mal, que todo puede mejorar, solo hace falta paciencia y voluntad para sacar toda la fuerza que te queda dentro y luchar, luchar por ser feliz…por desgracia, te sientes así solo por un segundo y luego.. nada, vuelves a tu realidad.
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Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.
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