Porque cada segundo hablando contigo es un pequeño tesoro, una sola presencia tuya es como una droga para mí y las sonrisas que siempre consigues sacarme se han convertido en una especie de pastillas de éxtasis. Sí, estoy enganchada a ti. Sueño cada día con esas pequeñas dosis de felicidad al hablar contigo, contarte mi día y preguntarte como estas. Saber que aunque sea un segundo al día pero piensas en mí, en mi nombre, en la distancia. El tiempo comencé a confiar en ti, a ratos, mucho más que en mi misma; es extraño, pero no me imagino sin ti, sin tus palabras.. te hiciste el ingrediente indispensable de mi sonrisa, no puedo ser feliz sabiendo que puedes desaparecer de mi pequeño mundo.
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Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

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