...En ese momento se dio la vuelta y se fue dejando tras sí una sombra de duda. No entiendo cómo pudo pasarme, solo sé que nunca deje de quererle, aunque sabía que él no regresaría. Más tarde, una noche crepuscular, volvió, y con una sonrisa que curvo sus labios susurro que sentía haberme hecho esperar tanto; fue tan extraño pero, para mi sorpresa, no fue nada más que otro sueño con él de protagonista...
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Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

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