Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Recuerdos de un corazón roto


Y no consigo entenderlo, cómo en una simple frase puede provocar tantísimo daño. Es como una especie de puñal que te clavan directo al corazón y te deja sin respiración, pero no, simplemente, comienzas a recordar… Reaparecen los recuerdos que tanto te costó enterrar, de nuevo cobran vida algunas frases especiales o sonidos tan olvidados. No, definitivamente, no es para bien. Sé que las cosas ocurren por una determinada razón y ahora no puedo evitar buscar el sentido de esta última, la que tanto dolor me provoca, pero no… no soy capaz de encontrarlo.

Todo esto porque él no entiende cuando dolor me provoca que me diga “el de la otra vez”. Porque él no entiende lo que fue para mí, porque nunca lo sabrá,  porque después de tanto tiempo cree que esa frase es la más adecuada. Porque me arrepiento de haberle dicho que sí..

No hay comentarios:

Publicar un comentario