Llega un momento en el que te das cuenta de que ya no tienes fuerza para seguir adelante, las cosas no van como quieres por mucho que intentes cambiar su rumbo, por mucho que luches llega un instante en el que, ya cansado, te arrastra la corriente. No puedes hacer nada, salvo dejarte llevar esperando que de ese modo consigas arreglar las cosas. Nos hace falta apoyo de los demás, queremos gritar de decepción y llorar esperando que nos consuelen, pero no lo hacemos. Simplemente nos alejamos más y más de la gente, y sabiendo, que así lo pasaremos peor, seguimos haciéndolo. Nos evadimos de la realidad y nos encerramos en nuestro cuarto que se convierte en nuestra pequeña isla de reflexión. El tiempo pasa y seguimos igual, la visión borrosa de la esperanza comienza a difuminarse cada vez más… no, no hay solución, solo esperar a que las cosas cambien o, mejor, a tener la fuerza suficiente para poder luchar por aquello que más queremos, pero de momento nada, nos toca esperar.Páginas
Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.
jueves, 3 de noviembre de 2011
La fuerza de la corriente
Llega un momento en el que te das cuenta de que ya no tienes fuerza para seguir adelante, las cosas no van como quieres por mucho que intentes cambiar su rumbo, por mucho que luches llega un instante en el que, ya cansado, te arrastra la corriente. No puedes hacer nada, salvo dejarte llevar esperando que de ese modo consigas arreglar las cosas. Nos hace falta apoyo de los demás, queremos gritar de decepción y llorar esperando que nos consuelen, pero no lo hacemos. Simplemente nos alejamos más y más de la gente, y sabiendo, que así lo pasaremos peor, seguimos haciéndolo. Nos evadimos de la realidad y nos encerramos en nuestro cuarto que se convierte en nuestra pequeña isla de reflexión. El tiempo pasa y seguimos igual, la visión borrosa de la esperanza comienza a difuminarse cada vez más… no, no hay solución, solo esperar a que las cosas cambien o, mejor, a tener la fuerza suficiente para poder luchar por aquello que más queremos, pero de momento nada, nos toca esperar.
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