Parece que las cosas marchan bien, que todo tiene su lugar, pero entonces viene algo que consigue hacerte dudar. Vuelves a pensar en la decisión que tomaste e intentas ver si es la correcta, si de verdad has hecho bien.. y no, no temes llevarla a cabo, sino que es el miedo a sufrir quien te frena. No sabemos si aquello que hemos planeado hacer saldrá bien, pero por encima de todo intentamos evitar el sufrimiento futuro y más, si la situación nos es también conocida. Sé que las decisiones que se toman dependen de nosotros y que no podemos saber si son correctas ahora, solo debemos esperar a ver lo que sucede cuando las llevemos a cabo y confiar en que las cosas salgan bien.
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Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.
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