Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Perfecta idiota...


 ¿Cuándo aprenderé? No puedo dejar de preguntarme… no entiendo por qué las cosas me tienen que afectar tanto; lo odio, odio sentirme tan impotente frente a esa ráfaga de pensamientos que no me dejan respirar tranquila. Si, sé que la culpa es mía, que no debería preocuparme tanto, pero ¿acaso pensar eso me ayuda en algo? No, solo logra que me sienta peor, peor por no encontrar la solución, peor por no querer cambiar, peor por no tener más aguante… simplemente, me he cansado.
Y es que las cosas son como son y no logro cambiarlas, no puedo.. Intento que todo vaya bien y que todos estén bien y luego, nada, un intento fallido y la que sale peor parada siempre soy yo. Quiero dejar de sentirme tan idiota después de intentar ayudar a la gente y que luego me hagan daño.
No aguanto más a personas que parece que viven con el férreo deseo de cambiarme, ¿acaso no tienen otra cosa que hacer? Pero nada, supongo que así debe ser, no puedo resistir más, siento que no puedo más.. y es entonces cuando pienso si de verdad debería cambiar y si, de esa forma, lograría dejar de sufrir. No sé. Puede... la duda es cada vez más fuerte, pronto cobrara más y más importancia, hasta que tome una decisión, espero que sea la correcta. Por ahora solo sé que se me ha acabado la fuerza, no puedo seguir así…


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