Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 24 de marzo de 2012

Algo como él.


El aire se espesa. La visión se hace más borrosa. 
Comienzas a pensar. Sientes como una suave
 presencia te abraza y te hace sonreír. A pesar de
 todo hay algo que falta. Algo que es capaz de
 proporcionarte seguridad. Algo que te ayuda a
 encontrar el lado bueno de la realidad. Algo que
 te hace suspirar. Algo que despierta en ti esas
mariposas que no dejan de revolotear por el estómago. 
Algo que tanto echas de menos. Algo como él.



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