¿Sabes lo que siento cuando le veo? Yo tampoco, es demasiado complejo. Es como una pizca de alivio bañada en un mar de alegría. Y entonces sonrío, me olvido de todo lo que le echaba de menos y me hundo en la calidez de su mirada. Todo lo que tengo alrededor se difumina hasta desaparecer por completo. Y no me preguntes si le quiero realmente. No, no es porque no sepa contestarte, es porque no puedo describir lo mucho que le quiero. ¿Sabes lo que se siente cuando tu corazón te empieza a hablar de él? Es una sensación extraña, demasiado extraña… Te recuerda todos los momentos que pasaste a su lado mientras no dejas de sonreír. ¿Sentiste alguna vez la falta de aire causada por su ausencia? Se hace hasta inverosímil lo mucho que puedes echar de menos a alguien, incluso si acabas de despedirte de él. Sí, creo que es cuando más falta te hace. Cuando dejas de sentir su presencia, aun reviviendo cada una de las caricias en tu piel. ¿Sabes lo que se siente al sentirte completo por dentro cuando estás a su lado, cuando al despedirse dejar ir una parte de ti? Puede que sea solo una sensación o, bueno, quizá una imaginación como otra cualquiera, no lo sé, tan solo pienso que me encanta estar a su lado, sentir sus brazos alrededor de mi cintura mientras escucho sus palabras que, entre beso y beso, me dejan sin respiración.
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Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

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