Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

lunes, 19 de marzo de 2012

Piensa que

los mejores besos son los que saben a sonrisas, las lágrimas más apreciadas son las que muestran ilusión y las miradas más dulces son las que expresan cariño. Las palabras son capaces de cambiar el estado de animo si han sido dichas con afecto, los abrazos pueden llegar a sostener
una alma y la vida se vive
mejor si hay amor de por
medio. 

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