Puede que el mundo gire muy deprisa, puede que las cambios sean inesperados, puede que las cosas no siempre nos salgan bien, pero ¿acaso eso importa? Nos aficionamos a esperar que algo mejor llegue a nuestra vida y dejamos escapar montones de sonrisas fugaces que desaparecen en un abrir y cerrar de ojos, aunque sean capaces de rozarnos el corazón si somos capaces de percibirlos. A veces, las cosas se complican de tal forma que todo pierde la importancia. Cada cosa que nos pasa tiene un sentido, aunque nos cueste verlo. Puede que las cosas no sean justan en todo momento, pero puede que las dificultades tengan otro fin, ¿qué pasa si cada caída realmente nos hace más fuertes?
Cuando estamos tirados en el suelo, con los ojos llenos de lágrimas al mirar nuestro corazón despedazado en nuestras manos, podemos aprender a valorar aquello que tenemos. La gente siempre estará allí para ayudarnos siendo nuestro paracaídas, aunque en un primer momento nos lo puede parecer, nunca estamos solos y sí en algún momento piensas eso, recuerda que no es así, piensa que las lágrimas que corren por tus mejillas logran nublarte la vista de tal forma que solo puedas ver las heridas del corazón mientras que, poco a poco, vas perdiéndo la esperanza en el futuro.
Puede parecer difícil, pero la vida no pierde su sentido ya que tú sigues respirando. En algún momento decidete por levantar la vista y mirar todas las manos tendidas que intentan levantarte para que puedas continuar tu camino. No siempre es bueno centrarse en el dolor, de esa forma logras olvidarte de lo que pasa a tu alrededor, privandote de la posibilidad de ser ayudado. Aunque todo parezca perdido, no lo está, las cosas siempre mejoran para aquellos que deciden mirar adelante, subir por el precipicio y seguir su camino con la ayuda de aquellos que más les quieren sabiendo que no están solos. Porque nadie está solo nunca, aunque muchas veces puede parecerlo.
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