Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

domingo, 25 de marzo de 2012

Estereotipos vacíos

Aunque parezca mentira, cada vez más y más gente decide adelantarse en la búsqueda de la perfección y la sociedad esta empeñada en encontrar una definición a este término. A lo largo del día podemos observar pasear por la calle a esos prototipos, creados por los anuncios y revistas que nos muestran como nos hemos de portar en la actualidad o que debemos llevar para quedar bien, supongo que pronto nos dictaran como respirar o cuantas veces debemos pestañear en un determinado intervalo de tiempo... así, la gente deja de ser capaz de pensar por ella misma y pierde los escrúpulos centrándose en la búsqueda de aquella “perfección”, piensan que si se convierten en la Barbi o Ken actual, serán felices. Mientras tanto, corren hacia un objetivo imposible de alcanzar porque este cambia, entonces aquellas personas se convierten en jugadores en busca de su trofeo tan proclamado. Lo olvidan todo y siguen andando hacia lo prometido, piensan que así serán mejores, más aclamados y aceptados. Dejan de lado la naturalidad para convertirse en un reflejo más de un vacío estereotipo. La singularidad se borra, poco a poco se convierten en máquinas que carecen de la voluntad, a los que resulta difícil pensar en sí mismos.
A medida que pasa el tiempo la situación empeora, la posibilidad de elegir desaparece, los pensamientos se nublan y la única cosa que les llama la atención es el siguiente pasa hacia la inexistente, pero tan prometida perfección.

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