Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

martes, 27 de marzo de 2012

Instantes por sentir

Muchas veces los cambios son tan rápidos que nos cuesta percibirlos. El reloj se vuelve loco al intentar recuperar esos minutos perdidos… supongo que así debe ser. O, puede que ese no sea el verdadero objetivo, ¿qué pasa si se nos quiere ensañar a valorar lo que tenemos en el momento presente? ¿Puede ser ese el sentido del desajuste horario? En cualquier caso no me imagino perdiendo tiempo para hallar una respuesta. Tan solo quiero sentirme viva gracias a esos instantes. Dejar de lado el pasado y aprender a no temer el futuro, tan solo existir en el momento presente y vivirlo al máximo. ¿Podemos olvidarnos por unos minutos de lo que está por venir y disfrutar? Intenta no hacer planes y, simplemente, sentir lo que vives, cada instante, cada sonrisa, cada suspiro…
Déjate secuestrar por el latido de tu corazón e ilusiónate al sentirte libre sintiendo como la suave brisa te acaricia la cara. Permite que el brillo de tus ojos vislumbre a los demás, sonríe a los desconocidos contagiándoles tu sonrisa. Salta de ilusión, llora de alegría y di lo que sientes con completa sinceridad, no escondas el dolor, deja que se evapore bajo los suaves rayos de sol que traen alegría, ilusiónate de nuevo, pero sobretodo, y lo que es lo más importante, siéntete vivo. 

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