Recordar y comenzar a temblar como una hoja que resiste a la persistente brisa otoñal, escuchar el desbocado latido del corazón que, recordando un batir de alas de una mariposa, intenta salirse del pecho, y entonces entenderlo todo. Coger más aire y expulsarlo de forma brusca, entrecerrar los ojos y luego abrirlos de forma repentina, cambiando de visión general de los alrededores y sentir como se construye un sueño entrelazando las ilusiones con las sonrisas...
Sorprenderte al descubrir que te elevas por encima del suelo, al darte cuenta que ahora es su amor lo que te sostiene de pie a modo de alas que se fortalecen con cada beso, cada "te quiero" susurrado que te deja sin respiración y, debido a ello, muchas veces no respondes, te quedas quieta mientras un brillo fugaz recorre tus pupilas reviviéndote por dentro.
Sentir como se cae el alma a tus pies cada vez que le ves alejarse y concentrar toda tu voluntad en seguir andando sin darte la vuelta, sin echar a correr tras él para volver a sentir de nuevo el contacto de sus labios con los tuyos, para acunarte en la calidez de sus abrazos esperando que el tiempo frene su marcha durante un par de instantes para inmortalizar ese momento. Darte cuenta de qué cuando te pregunta adónde quieres ir te da igual el lugar. Sonreír, mirarle a los ojos y admitir que para ti el sitio no tiene importancia alguna, siempre y cuando estés con él. Mientras sientas el contacto de sus manos con las tuyas, mientras dos miradas sinceras junto a unas sonrisas de felicidad os permitan uniros en un beso. Acostumbrarse a perder la noción del tiempo, dejar de mirar el reloj y aprender a vivir guiándote por el latido de su corazón.
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