Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 10 de marzo de 2012

Lección de sonrisas

Y cuando se te va la voz por estar gritando lo mucho que te duele tener el corazón roto, asumes que es imposible obtener ayuda, entonces lloras desconsoladamente hasta el punto de olvidarte de aquello que pasa a tu alrededor. Hay momentos en los que una pequeña esperanza hace que te seques las lágrimas y que intentes seguir adelante. Son ratos en los que consigues ver más allá de tu dolor, pero sobretodo son momentos que logran curarte. Levantas la vista y, mientras inspeccionas el cambio de tu pequeño mundo, te encuentras con una sonrisa desinteresada que incita esperanza. Y sonríes tú también. Sonríes olvidándote del sufrimiento y te levantas con más fuerza que nunca. Sigues tu camino, pero no olvidas esa pequeña lección que te dieron, esa esperanza que con una sonrisa te susurró al corazón “no te rindas, sigue luchando”.

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