Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 10 de marzo de 2012

Regalos del pasado

+¿Te arrepientes de algún momento de tu pasado?
- No, de ninguno en absoluto.
+ Es imposible, seguro que hay algo que desearías no haber hecho.
- No, ¿sabes por qué? Porque ese pasado con algunos errores me regalo este maravilloso presente.

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