Oscurecía. En una pequeña habitación en la buhardilla de la casa estaba ella. El tiempo adelantaba su marcha mientras ella, como siempre, miraba por la ventana. Cada noche la misma historia. Las cosas dejaban de importarle cuando se sentaba en aquel alféizar. Despedirse del día comenzó a convertirse en una costumbre y nadie le encontraba explicación excepto ella. Nadie sabía que, cuando los pasos de sus padres por los pasillos de la casa dejaban de sonar y el sonido de la puerta delataba su posición, ella se convertía en otra persona. Nadie sabía lo que pasaba cuando el reloj marcaba las doce.

sábado, 10 de marzo de 2012

Amistades inolvidables

Momentos, ratos inolvidables y montones de ilusiones. Los lazos de las amistades se estrechan con cada sonrisa compartida. Parece tan natural, ya ni te acuerdas del primer saludo y ese pensamiento que nos retumbaba en la cabeza en forma de una sola frase que significaba el comienzo de algo nuevo, era un “me cae bien” que despertaba nuestra curiosidad. Entonces comenzaba una frenética carrera con el propósito de descubrir más, de sorprenderte de nuevo y, sobretodo, de sentirte identificado. Se viven tanto los buenos como los malos momentos y, poco a poco, empiezas a pensar que esa persona forma una parte muy significativa en tu vida. A veces, te paras a reflexionar, son esos momentos nostálgicos en los que no puedes hacer más que agradecer algunas de las decisiones tomadas, piensas en el pasado y sonríes de forma casi inevitable al darte cuenta de que sin esa persona tú no serías igual al que eres ahora, porque das las gracias mentalmente por cada instante de felicidad compartida.

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